A mediados de mayo de 1839, en una casa particular en Madrid dónde se reunían varias personas para obsequiar a la Santísima Virgen con la extendida devoción de las Flores o Mes de María, fue invitado un jesuita, el Padre Ramón García Leal, quien por inspiración de la Santísima Virgen propuso extender el culto continuo a la nuestra Madre del Cielo a todos y cada uno de los días del año, asignando a cada persona un día del mes.
Esta tan sencilla y provechosa devoción se extendió rápidamente en Madrid y por toda España, y al cabo de tres meses ya se contaban centenares de personas . Entre ellas también había muchos sacerdotes y religiosas, así como personas de la Corte incluyendo la Familia Real, incluida la misma Reina Isabel II, que fue muy devota de la Virgen Madre del Amor Hermoso.
A lo largo de los años, la gran dispersión geográfica hizo que evolucionaran como Cofradías independientes de la de Madrid, en otros casos la devoción se integró en una Parroquia o quedó en alguna ermita, si bien en todos los casos siguieron profesando una profunda devoción a la Virgen Madre del Amor Hermoso.