Semana Santa en Baza




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La capilla del Cristo Su capilla se sitúa junto a la puerta de la sacristía en la parte de la girola de la Iglesia Mayor, es una de las pocas que se conservaban del proyecto gótico y no destruida por el terremoto anteriormente mencionado. Posiblemente Covarrubias reutilizase los restos no dañados por el seísmo para la construcción. Sobre los muros de sillería que la enmarcan, arranca una estructura ojival, un arco apuntado simple, que adorna su fachada y en su interior adopta una planta cuadrada, que concluye con una bóveda de nervios que surge de las pechinas situadas en las esquinas del muro de fondo, y se completa con una solería de baldosas de mármol blanco . En ella se situaba un retablo con la Imagen del Crucificado, siendo su primer uso como una capilla funeraria y más tarde de veneración. En el retablo le acompañaban las imágenes de Santa Bárbara, patrona de Baza, y de Santa Lucía. En un primer momento la capilla fue destinada al Santísimo Sacramento por su primer propietario el canónigo Madrid, como afirma Segura Ferrer. Con el paso del tiempo sus poseedores fueron los familia Baeza, quién por dote cedió el patronato de la misma los Méndez Pardo y sus descendientes hasta el siglo XVIII. María Vázquez fue enterrada en la capilla, gracias a la patrona de aquellos años, Beatriz de Góngora ; también Brígida Pacheco, mujer de Fernando Méndez Pardo, otorgó el testamento ante Pedro Molina en 1735, pidiendo ser enterrada en ella ; y otro fue el presbítero Felipe Martínez Redondo . En junio de 1928 Emilio Castellano Vita, feligrés de la parroquia de la Mayor, estaba al cuidado y el adorno de las ropas y de las flores de la capilla. Castellano era un gran fervoroso del Cristo y era un ejemplo de la gran devoción popular a la Imagen. A través de una carta solicitó al vicario capitular -administrador diocesano- disponer de alumbrado eléctrico para unas lámparas ocultas en los ángulos de la capilla para la iluminación del retablo. Se contaría además de dos faroles de hierro rebujado con tres luces en forma de hachones, dos enchufes para los cultos, el controlador y los interruptores ocultados por una caja con llave. El pago de la luz sería abonada de la fábrica de la parroquia, a pesar de sus escasos recursos. El párroco era Ramón Martínez Bonilla, quien intercedió al vicario Gabriel Labella para su autorización. En esa misma carta conocemos que el año pasado la capilla fue restaurada con un zócalo de azulejos con el consentimiento del obispo Marquina . En la actualidad, la capilla se presenta con una cortina color granate y una galería-cortinero recuperado por dos hermanos de la cofradía del Stmo. Cristo de los Méndez. La familia Méndez Pardo Esta estirpe llegó desde Badajoz en la segunda década del siglo XVI con el bachiller Francisco Méndez Pardo casado con Ana Suero de Cervantes. Su poder fue creciendo hasta conseguir un oficio de regidor. Su hijo Francisco fue nombrado alférez mayor, regidor perpetuo y alguacil mayor de la Inquisición, y casó con María de Ávalos. A sus bienes le instituyó un mayorazgo. Sus casas principales se situaban en la calle Alhóndiga, además contaban con un molino en la Ribera arrendado anualmente y varias huertas en los lugares de las Siete Fuente, Zoiame y las Eras. El tercero de la saga Antonio Méndez Pardo asumió el oficio de alférez mayor de la ciudad por el nombramiento de Felipe III, incluido en la dote de sus padres. Sus aspiraciones le llevaron al matrimonio con María de Baeza, la obtención del hábito de Calatrava en 1629, tras pasar la prueba de hidalguía en la Chancillería de Granada. Su hijo Antonio lograría ocupar la máxima dignidad de la Colegial. En su testamento afirmó ser padre de un hijo ilegitimo con Luisa Carvajal, de nombre Juan Antonio, que logró un cargo de regidor. La heredera del mayorazgo sería Jerónima, que casó con el lojeño Pedro del Rosal y Alarcón, a parte de los bienes también se incluyó el oficio de alférez . En 1677 se dio licencia a Francisco como clérigo de órdenes menores para encargarse de la capellanía de Pedro Fernández y Ana de Calcapara en Castril . En el siglo XVIII aparecen los clérigos Máximo, Sebastián -hijo de Juan Méndez y Ana María Sánchez de Sevilla -, Fernando y Tomasa Méndez Pardo -en dos ocasiones fue la abadesa del convento local de Santa Isabel-. La familia fundó la capellanía familiar en la Iglesia Colegial. El fundador sería García, hijo del bachiller. Esta capellanía existía hasta finales del siglo XVIII, según la documentación hallada. En esa centuria estaría a cargo de los Carvajal, herederos del abad Antonio Méndez Pardo. La hechura de la talla del Cristo El Crucificado es representado como una de las escenas de la Pasión de Cristo . Antes la Imagen estuvo relacionada con Cecilio López, pero a raíz del testamento del alférez Méndez Pardo mandó que el abuelo de José de Mora realice una talla de un Cristo atado a la Columna para la capilla de los Méndez Pardo en la iglesia conventual de San Francisco. Por lo que se descarta la idea de la hechura de Cecilio López. Unos años previos a la elaboración de este artículo pudimos hallar el contrato de su realización en 1558 . Este fue pactado por Juan de Baeza y Baltasar de Arce, discípulo de Siloé. Baeza era el mayordomo de la Colegial y solicitó la ejecución de un Cristo de dos varas de largo en madero de cedro más la cruz. Se comenzó su ejecución en julio por un pago de 600 reales, la talla debería de estar concluso para el 15 de noviembre de 1558 y se pagaría el montante hasta llegar los 1.400 reales que costaba el trabajo. La talla de Baltasar de Arce fue destruida el 25 de julio de 1936. La Imagen destacaba por su gran belleza y la leyenda de su origen -más adelante la comentaremos-. Tras la Guerra Civil fue sustituido por una copia del Stmo. Cristo de la Misericordia de Granada, obra de José de Mora, pero con características propias. La idea era recuperar el mismo Crucificado destruido, pero según las crónicas de la época a no contar con suficientes técnicas se desecho la idea. El 26 de noviembre de 1942 Antonio Martínez Olalla escribió a Antonio Sánchez Carrillo informando sobre la conclusión de la escultura . Ollala era profesor de la Escuela de Bellas Arte de Granada. Se estipuló la hechura del Cristo por valor de 3.000 pesetas, pero previamente se debería de realizar un pago adelantado de unas 1.000. El escultor describía la dificultad de acceder a las peticiones propuestas por la cofradía, pues los hermanos deseaban cuanto antes recibir el nuevo Crucificado. Al final del trabajo, ni uno, ni otro quedaron satisfechos con el resultado. Lo primero que nos llama la atención es la utilización de la madera de naranjo para la elaboración, ya que España escaseaba de este material tras el final de la Guerra Civil. Si la idea era copiar al Cristo de Mora, se presenta la diferencia del cabello, el de la Misericordia es moreno y el de Olalla es castaño, también es desigual la corona de espinas. Otro aspecto diferenciador es el paño de pureza del Cristo granadino es marrón, mientras que el de los Méndez es granate, más tarde modificado a ocre y la parte trasera está sin concluir; y la herida del costado es mucho más dramática que la del bastetano . En 2017 la Imagen fue restaurada por Dionisio Olgoso con una limpieza integrar y la recuperación de la policromía original. La devoción al Stmo. Cristo en la Edad Moderna La Imagen esta ligada a una leyenda : «…Cuéntase que en el zaguán de una de las casas de la calle Méndez, hallábase, desde muy antiguo, depositado un recio madero. Cierta noche, muy a deshora, los dueños de la casa, que habitaban el piso superior, oyeron unos fuertes golpes en la puerta y una voz profunda que decía: ‘¡Venimos por el madero!’, a lo que no dieron crédito, ya que la viga era de tales dimensiones que difícilmente podría ser transportada; pero a la mañana siguiente observaron con gran sorpresa que realmente había desaparecido. Pasaron algunos días; y otra noche, cuando la indicada familia rezaba el rosario después de la cena, volvieron a escuchar abajo el mismo ruido de golpes en la puerta y la misma voz que decía: ‘¡Traemos el madero!’. Bajaron precipitadamente y hallaron la talla de un Cristo Crucificado, que desde ese mismo momento comenzó a ser objeto de gran veneración…» Posiblemente esta narración naciese entorno a 1570 con la rebelión morisca, buscando engrandecer la figura de Cristo. En el siglo XVI era natural la propagación de apariciones milagrosas . El matrimonio Méndez-Ávalos pidió la incorporación de la Imagen a la hermandad sacramental de la Colegial, ya que el mayordomo era el propio Francisco Méndez . En su testamento pedía el acompañamiento del Cristo antecediendo al Santísimo en la procesión. En el siglo XVII la devoción al Stmo. Cristo de los Méndez era muy popular y permanece hasta estos días . Pedro de Ayala , primo del abad Méndez, fundó una memoria para costear una lámpara a la Imagen y una misa rezada cada viernes. Ayala pagó por una misa de la Pasión por cuatro reales y doce ducados para la lámpara. También pidió otra lámpara por valor de 100 ducados y un tafetán grande para colgar en la capilla. En su testamento pidió ser enterrado en la capilla del Cristo. El abad creó otra para el Jueves y el Viernes Santo con una gran abundancia de luces y una misa semanal. En el patronato sucedió a Ayala y sus sucesores sería su hijo Juan y su sobrina Ana por diez ducados para cera. La memoria de una misa rezada cada viernes en la capilla del Santo Cristo con la obligación de alumbrar la lámpara continuamente fundada por Pedro de Ayala y el abad Antonio Méndez mandó por otra memoria disponer de 20 velas de 12 onzas para el Jueves Santo. Entorno el 1725 el capellán de ella era Sebastián Méndez Pardo. Nueve años más, el Viernes Santo también se dispuso de más velas . Otro acto fue el del 16 de noviembre de 1671 se acordó por deseo de sus devotos trasladar el Cristo hasta el altar mayor para celebrar un novenario de misas con cuatro hachas más velas de sus piadosos . Las rogativas La conexión entre la religión y la meteorología estuvo presente en el Antiguo Régimen. Las rogativas eran la muestra de la religiosidad popular más importante de la ciudad. Estas plegarias cumplían un papel de conjuro contra las adversidades, pero también como agradecimiento o por acción de gracias de cualquier acontecimiento bélico o de la Familia Real. Estas eran unas súplicas públicas y comunes en las que se pedían la bendición de Dios, la Virgen o cualquier santo sobre los campos. La más frecuente era la llegada de lluvias, -pro pluvia-, y las del cese del agua -pro serenitate- en este caso con la María Stma. de la Piedad . El Cristo también participó en otras rogativas con otras devociones de la ciudad . Su máximo esplendor fue en el siglo XVII, destacando la rogativa con la Virgen de la Piedad. El testamento de María de Ávalos pedía la salida del Cristo tras la vuelta al convento de la Merced de la Imagen mariana. Pero en ese momento gobernaba el abad Pedro de Vargas enemigo íntimo de los Méndez, por lo que debería de esperar hasta el gobierno del abad Matute en 1645 y luego su sucesor Antonio Méndez Pardo . El ritual de las rogativas lo dejó descrito Juan Barroso en 1744 : «El viernes penúltimo de abril, en que comienzan las fiestas de los labradores, a la hora de costumbre se bajará la imagen de Nuestra Señora de su camarín, para ponerla en andas, dándose entre tanto los repliques acostumbrados -los que se darán siempre que se suba o baje al camarín-. Al día siguiente por la tarde, al terminar el coro de la Colegiata, subirá el clero de la Mayor con Cruz alzada y ornamentos morados para bajarla procesionalmente a esta iglesia, donde permanecerá hasta el domingo último de dicho mes, haciéndole en esos días rogativas por la mañana después de la misa conventual, y Salve y Letanía por la tarde después del Coro, y demás cultos que desde tiempo inmemorial se le dedican. El domingo último, se organizará solemne procesión general de rogativa presidida por el clero de la Colegiata, con asistencia de las Parroquias, Corporación Municipal bajo mazas, y de todas las Hermandades y Cofradías de nuestra ciudad. Al llegar la procesión a la Plaza Mayor, se sacará al atrio de la iglesia, otros dicen hasta la propia verja, el Santísimo Cristo de los Méndez, y volviendo hacia Él la imagen y arrodillándose el clero y el pueblo se entonará solemne rogativa ‘ad petendam pluviam’, mientras se toca la campana de la Colegiata. Terminada la ceremonia continúa la procesión, encaminándose al Santuario de la Santísima Virgen, donde se canta a la llegada una Salve solemne, regresando el clero en igual forma a su Iglesia. Si ese domingo último de abril lloviese, se aplazará la procesión al domingo inmediato siguiente, y así sucesivamente sin que pueda ésta verificarse en ningún día entre semana, aunque lo hubiere festivo, continuándose los cultos en la Colegiata en igual forma que la primera semana». Barroso también describe la salida del Cristo hasta la puerta de la Iglesia Colegial bajo palio acompañado por los religiosos y los fieles. Se inclinaba tres veces a Ntra. Sra. de la Piedad y ante la Imagen del Cristo todos se arrodillaban para realizar la rogativa. Esta tradición todavía sobrevive en la actualidad a pesar de contar algunas adversidades como la Guerra Civil o la más reciente la crisis del Covid-19. Las rogativas entre el Cristo de los Méndez y la Virgen de la Piedad. Fotografía Carlos Valle Plaza. También el Cristo realizó rogativas individuales por las sequías, algunas de ellas se celebraba el novenario en Santo Domingo a través de un pleito iniciado en 1693, en la que se prohíbe predicar a los frailes en la Colegiata por la falta de respeto los regulares con los capitulares en la procesión de rogativas. El conflicto judicial duró casi 100 años cuando volvió a la normalidad siguiendo con la tradición, tras fallar a favor de la Colegiata . Pero las de carácter extraordinario se realizaban en la antigua Colegiata como en 1669 con una procesión y un novenario de rogativas. El 4 de mayo de 1685 se celebró una procesión general con el Santo Cristo por la falta de agua. En 1765 se desarrolló unas rogativas y un novenario al Cristo, y el último día sería en la Merced . Por los conflictos bélicos, entre 1638 y 1641 la Imagen estuvo en rogativas y plegarias. Años más tarde, se realizó una procesión y rogativas acompañado por la talla de la Concepción y las reliquias de San Máximo por la buena dirección de la guerra en Cataluña. En 1683 tuvo lugar una procesión con motivo de la victoria contra el turco en los Balcanes. Por la langosta se realizó una procesión general de penitencia el 20 de mayo de 1633 a las cuatro de la mañana con la presencia de los prebendados con su vestimenta del coro y la presencia del Santo Cristo y del cuerpo de San Máximo con destino a la ermita de San Lázaro, donde se realizó una misa de rogativas y exorcismo contra la langosta. Al día siguiente se volvió a celebrar con los prebendados revestidos de morado rezando salmos penitenciales . El 11 de mayo de 1633 por la falta de agua y la plaga de la langosta se realizó una procesión con la Concepción y el cuerpo de San Máximo a la vuelta salió el Santo Cristo como era la costumbre. En el año 1677 se organizó una procesión general de rogativa por la langosta. Por la salud el 18 de julio de 1680 se puso en andas al Cristo y la Virgen de la Encarnación, en el último día de novena se celebró al Crucificado por la peste desarrollado en Andalucía . El Stmo. Cristo en la Edad Contemporánea Hay pocas noticias en el siglo XIX sólo hemos podido hallar dos acontecimientos a pesar de su gran devoción en este tiempo, una de ella, según el periódico “El Mosaico” del 1 de noviembre de 1857 el siguiente domingo se celebraría una eucaristía costeada por un devoto , y el platero Juan José Piñero Argente del Castillo cobró 25 reales por realizar la diadema del Cristo . En la siguiente centuria encontramos una noticia sobre la predicación de sus cultos por los jesuitas en 1921. Cuatro años más tarde, se fundó la Venerable Hermandad del Santo Cristo de los Méndez y Nuestra Señora de los Dolores, pues la devoción del Señor estaba en auge y la de la Virgen en extinción y sin cofradía. La idea fue surgida por un grupo de devotos del Crucificado de apellidos celebres en la ciudad como García de la Serrana, Alcón, Castellano y Luis Magaña Visbal. En la Cuaresma de 1925 se celebró un novenario de las dos Imágenes con la participación del jesuita Diego Navarro, superior de la orden en Almería. Al término de las celebraciones las dos tallas pasaron a la iglesia de San Felipe Neri, en donde se expusieron durante el Monumento del Jueves Santo. La salida procesional se fijó en la noche del Viernes Santo partiendo desde los Dolores, Monjas, Ancha, Agua, Cabeza, Plaza Mayor -donde el Cristo entraría en la Iglesia Mayor-, Magdalena, Zapatería y Dolores. Se aprobó los estatutos en donde se fijaba el coste de la cuota en diez pesetas, la creación de un cuerpo de horquilleros y camareras, y la composición de la junta de gobierno, recayendo la presidencia en el sacerdote. Los 25 horquilleros serían los únicos que podría portar las Imágenes y contaría con un decano para su organización. Nueve años más tarde, el obispo Medina Olmos autorizó la fundación de la Cofradía del Silencio, y por otra parte se aprobó las constituciones de la Venerable Hermandad del Santo Cristo de los Méndez. En 1936 se celebró un septenario en honor del Cristo en la Iglesia Mayor . La cofradía se reorganiza a partir de 1940, al año siguiente se realizó la nueva talla posesionando en 1942 y sus estatutos serían aprobados dos años después. Como dato curioso hemos encontrado que el 21 de febrero de 1943 se reunió la cofradía en asamblea para preparar el Jueves Santo. El primer hermano mayor por esas fechas sería el sacerdote Luis de Alcón, encargado de la organización de la procesión y la custodia de los enseres de la hermandad. Los nazarenos lucen una túnica es de color morado, antifaz grana, al igual que la capa, y cíngulo amarillo. En dicha capa está bordado el escudo de la cofradía y sobre su cuello la medalla de la hermandad. En esos primeros momentos la lista de cofrades la componía hombres ligados al régimen franquista, muchos de ellos lograron sentarse en el Ayuntamiento como concejales o alcaldes. Por destacar algunos hermanos sería las familias Alcón, Castellano, Funes, Domínguez Valdivieso, Sánchez Carrillo y Velázquez de Castro, el famoso tallista Esteban Jiménez Montoya o el notario Ángel Casas. Desde su refundación la cofradía posesiona en la noche del Jueves Santo a las 23:00 horas, aunque anteriormente solían salir a las 22:00 o 00:00 horas. También se ha cambiado varias veces de itinerario por el barrio de Santiago o por la Alameda, aunque sobre la mesa está planteado desfilar por la avenida José de Mora. Como curiosidad al llegar a la calle Ancha, antiguamente la talla se girar 180º grados para poder posesionar, por la estrechez de la zona. Se debe de mencionar el saluda con la Virgen de la Esperanza en la salida de la Iglesia Mayor y la lectura de la leyenda. En sus inicios posesionaba con un tambor tras la Imagen, pero con el tiempo ha ido evolucionando desde música de capilla hasta una banda de tambores y cornetas. Normalmente, se presentaba con clave rojo, pero en los últimos años también ha variado su adorno floral, como un año se presentó con iris. El trono fue elaborado por las gubias de Esteban Jiménez Montoya en 1944 y modificado por sus hijos en 1988 para ser portado a horquilleros en el Jueves Santo siguiente . En la actualidad este paso ha sido sustituido por otro nuevo a partir del antiguo. En el 31 de octubre de 2007 el entonces rey de España Juan Carlos I aceptó la propuesta de Hermano Mayor Honorífico de la cofradía. Pasados unos años se le concedió el título de Real por parte de la Casa de S.M. A lo largo de la historia han pasado varias personas por la vida de la Cofradía, tras la refundación el listado de hermanos era simpatizante o estaba ligado a la administración local franquista, siendo una de las más populosas de la ciudad. En la actualidad la componen 110 cofrades desde los más pequeños de la casa hasta personas jubiladas. También hay que decir que la primera hermana mayor fue Pilar Noguera Vallejo, la primera de la ciudad, hasta la actualidad que es Juan Manuel Román Domene. Sobre sus cultos hoy en día se celebra su eucaristía dedicada al Stmo. Cristo de los Méndez en el triduo que la Iglesia Mayor celebra en honor de las tres cofradías de la parroquia. Desde hace unos años se desarrolla un Vía Crucis en el interior del templo y el pregón correspondiente. Anteriormente se realizaba un septenario, como se celebraba antes de la Guerra Civil y después de ella seguía realizándose hasta con el paso del tiempo se extinguió. El septenario en honor al Cristo de los Méndez 1946, fue realizado entre el 26 de febrero al 4 de marzo. Primeramente se realizaba a las 9:30 la misa de comunión, a las 16:30 la exposición del Santísimo y a las 19:30 el Santo Rosario y septenario predicado por Simón Reyes Troyano Campiña, canónigo magistral de la catedral de Guadix. A lo largo del septenario se realizaron en cada día intenciones, el primer día a Ángel Casas y su señora, el segundo a José María Funes y su señora, el tercero a José García de la Serrana y su señora, el cuarto a Eloisa Castellano Manzano, el quinto Francisco Portillo y señora, el sexto a Jesús Domínguez y señora y el séptimo a la Hermandad de los Méndez. El cuarto día a las 9:30 se realizó la Solemne Función Religiosa en honor del Cristo y comunión general de la hermandad, a las 12:30 la exposición del Santísimo en todo el día con el acompañamiento de la Asociación de la Hora Santa. En otro año se realizó como era de costumbre un septenario y ejercicios espirituales, en los días 22 al 28 de marzo. A las 9 la misa de comunión, a las 10 la misa cantada, a las 11 la meditación, a las 16 el Vía Crucis, a las 19:30 el Santo Rosario y septenario y a las 22 se celebra las conferencias para hombres. Los ejercicios para las mujeres se realizaban desde la 11 a las 16. El septenario estaba predicado por el jesuita Mariano Ayala. Las intenciones fueron en el primer día a Luciana Campiña, el segundo a Angustias Arvide de Peregrín, el tercero a Encarnación Peregrín, el cuarto a Piedad Vargas de Portillo, el quinto a Eloisa Castellano, el sexto a Gregoria Fuentes y el último a Teresa Alcón. Desde 2019 la cofradía ha recuperado el culto de San Máximo, patrón de la ciudad. En dicha eucaristía también se celebró en recuerdo de los difuntos de la hermandad y el nombramiento la pregonera para el presente curso. Juan Manuel ROMÁN DOMENE (Historiador y Hermano Mayor)

CULTO EXTERNO
 

 Estación de Penitencia de la Hermandad de los Méndez
            | Jueves Santo


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