La Semana Santa de Cáceres, fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, en 2011, destacando el “atractivo escenográfico” que aporta a las procesiones el escenario del casco Histórico de la Ciudad Monumental, declarada Patrimonio de la Humanidad. Atesora una serie de elementos identitarios, muy diferenciadores.
Tiene sus raíces en la Edad Media, momentos de vida durísimos en que nacen las cofradías o hermandades, aunque no como penitenciales sino como instituciones de caridad o misericordia. Se irán transformando en penitenciales a partir del siglo XVI, aunque muchas de ellas conserven sus nombres de origen, como por ejemplo la de La Misericordia, en Cáceres, que se funda en 1464. Serán dos las razones principales, la mejora de la vida en las ciudades, con la proliferación de hospitales, enfermerías, hospicios y medidas urbanas y profilácticas, y la influencia de las doctrinas emanadas por el Concilio de Trento.
Las creadas en los siglos siguientes serán ya exclusivamente penitenciales limitándose los cambios a fusiones. En el largo camino muchas desaparecerán como las de Cristo Negro de 1491 o Espíritu Santo de 1493, víctimas de las guerras, desamortizaciones o períodos anticlericales. Otras sentirán la pérdida de sus templos matrices, como la Vera Cruz que hubo de pasar de San Francisco el Real a San Mateo. No obstante, salvo algún corto periodo de renacimiento como la Antigua del Espíritu Santo o el nacimiento de las Damas de la Virgen de los Dolores en el Siglo XIX, no surgirán nuevas cofradías penitenciales desde el XVII hasta el segundo tercio del siglo XX.
Durante este largo período de tiempo serán las Cofradías de Jesús Nazareno, Soledad y Vera Cruz las que trasmitirán a la ciudad la historia de la Semana Santa. Tras el convulso período para las Cofradías de la República y la Guerra Civil hay un ciclo de exaltación naciendo en Cáceres la Cofradía de los Ramos en 1946, la refundación del Espíritu Santo en 1950, la creación de la de Excombatientes de las Batallas en 1951 y los Estudiantes en 1958. En pocos años se duplica el número de cofradías, de pasos, de participantes, se cubren todos los días de la intensa Semana, se funda la Comisión Pro Semana Santa y se produce una reordenación general.
Desde finales de los sesenta se constata una crisis. Muchas personas se alejan de las cofradías, incluso la propia Iglesia imbuida de aires del Vaticano II, y las hermandades han de hacer filigranas para poder sacar los pasos.
La llegada de la Democracia trae la desaparición de la cofradía castrense por excelencia, la de las Batallas, e incluso la propia Comisión Pro Semana Santa está unos años sin actividad. Afortunadamente, a comienzos de los 80 surge un movimiento regenerador.
En 1985 se dan los pasos para la refundación de Las Batallas y su fusión con las Damas de la Virgen de los Dolores y la del Cristo Negro, que languidecían en la penumbra de Santa María. A finales de la década nace el Amor con aires de renovación en muchos aspectos, impactando con el vestuario, y la del Señor del Amparo, con espíritu de humildad franciscana como la ermita que la acoge.
Los 90 traerán también novedades. En 1992 surge la Cofradía de los Andaluces, con aires nuevos.
En 1995 se pone en marcha el ambicioso proyecto de dotar a la ciudad del monumental paso de la Sagrada Cena, de la cofradía sacramental del mismo nombre. El escultor sevillano Antonio Dubé de Luque irá desarrollando un programa iconográfico a lo largo de 10 años hasta completarlo.
Ya en el siglo XXI traerá la fundación de nuevas cofradías como: Salud 2006, Humildad 2008, Victoria 2009, Condenado 2011 y la última, fundada en 2018, Despojado.
Además, las cofradías han incrementado y enriquecido en estos últimos años el patrimonio artístico de la ciudad con notables incorporaciones: las imágenes de la Virgen de la Caridad, anónima, decimonónica y antes de gloria, y el Señor de las Penas, del artista Pedro de la Cuadra, en la Cofradía del Amor; las imágenes del Cristo del Refugio, de José de Proenza, del siglo XVII, y la Virgen del Buen Fin de Berlanga de Ávila, a partir de una mascarilla antigua de la Virgen de los Dolores, en la Cofradía de las Batallas; un cautivo del XVII, anónimo de escuela castellana, que se incorpora a la Cofradía de los Ramos; la imagen de la Virgen del Sagrario de Dubé de Luque para la Sagrada Cena; la imagen de Cristo Flagelado, de escuela sevillana del círculo de la Roldana del XVII, regalo del indiano Martín Carrasco a la Vera Cruz y que se incorpora a la Antigua del Espíritu Santo; el Cristo de la Expiración y la Salud, anónimo del XVI, de tamaño académico y que se venera en un cuadro retablo de Lucenqui en San Mateo, procesionado el Jueves Santo por la Vera Cruz; y por último la bella imagen de la Virgen de Gracia y Esperanza, del académico Slater, en la Cofradía de la Expiración.
Sumamos una ingente labor de restauración de imágenes ya existentes como las de Nazareno o Negro o la incorporación de bellísimas obras de orfebrería cual los pasos de la Esperanza, Misericordia o Caridad. Otras cofradías han trabajado o lo hacen ahora y de una forma denodada en la reparación de sus templos, como el Amparo o la Soledad.
La Semana Santa es una celebración viva, en permanente renovación, mejora y ampliación. La mitad de las cofradías se han creado en los últimos 70 años.
Casi el 40% de las imágenes que se procesionan pertenecen al siglo XVI-XVII o anteriores, justo la época barroca en que empiezan a aparecer en otras ciudades. De entre ellas, existen cuatro auténticas joyas, cuatro Cristos góticos de un extraordinario valor, todos aún al culto, todos saliendo a la calle anualmente, y datados alrededor de mediados del siglo XIV: Indulgencias, Expiración, Humilladero y Cristo Negro. Casi 700 años de antigüedad.
Las procesiones parten y circulan mayoritariamente por la Parte Antigua de Cáceres, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, excepto cuatro (las dos de la Cofradía del Espíritu Santo, la de la Hermandad de la Esperanza del Vivero y la de la Cofradía del Cristo de la Victoria), llegando estas dos últimas al centro de la ciudad. Una de las procesiones del centro de la ciudad, la del Cristo Negro, circula íntegramente por la parte antigua, representando uno de los momentos más importantes de la Semana Santa.
La participación ciudadana convierte a la Semana Santa en la fiesta más relevante de la ciudad. Es más, en proporción cuantitativa a su población, es una de las más elevadas de España.
Son singularmente relevantes, la gran participación de la mujer, en todas las escalas, incluida la carga o la dirección de cofradías, así como de los niños, con una presencia masiva de ellos, por el valor familiar hereditario… incluso hay ya algunos “pasos” infantiles.
La Semana Santa cacereña tiene una identidad propia. Imaginería y estilo fundamentalmente castellanos, aunque comienzan a proliferar cada vez más las influencias andaluzas. Hay música propia cacereña, hábitos muy variados, formas de carga, se mantiene la carga al hombro, aunque también hay pasos a costal, saetas cacereñas… y toda esa mezcla de influencias genera un estilo, es más, un estilo definido y valioso: como ejemplo, en pocos lugares como en Cáceres se puede ver a un sobrio paso gótico del siglo XIV procesionar solemnemente con música andaluza de banda compuesta para ir a costal.
Y como remate a todos los valores anteriores, el lugar, el entorno donde se desarrolla la remembranza pasional. La ciudad histórica intramuros de Cáceres parece hecha para acoger procesiones. En muy pocos lugares se realiza una simbiosis paisajística entre procesión y calle, como en Caceres. El silencio, la iluminación, la estrechez, la dificultad… en vez de perjudicar, magnifican la relevancia de las procesiones, imprimiendolas un carácter único. Nada se parece tanto a la que debió ser la Jerusalén del siglo I como las calles y adarves cacereños cualquier noche de procesión.
[Javier Velázquez López]
La Semana Santa de Cáceres, fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, en 2011, destacando el “atractivo escenográfico” que aporta a las procesiones el escenario del casco Histórico de la Ciudad Monumental, declarada Patrimonio de la Humanidad. Atesora una serie de elementos identitarios, muy diferenciadores. Tiene sus raíces en la Edad Media, momentos de vida durísimos e ...
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