Para adentrarnos en una breve historia de la Semana Santa en Mérida, tendríamos que remontarnos, al siglo VI de nuestra Era. Según se recoge en el libro de las “vidas de los Santos Padres Emeritenses”, datado a finales de ese mismo siglo, aparece el primer texto que habla acerca de lo que sería una procesión de Semana Santa y que se realizaba en el “Día Sacratísimo de la Pascua”.
Un hecho que coincide con el periodo (572-606) del Obispo Masona. Se trata de un documento importante que otorga a la ciudad el ser el origen de una de las tradiciones más arraigadas entre los Cristianos españoles, habida cuenta que Mérida , en el año 255, contaba con una Comunidad Cristiana consolidada, que contaba ya con un Obispo, según se desprende de la carta de San Cipriano, Obispo de Cartago, cuando se dirige por escrito a la Comunidad Cristiana de Augusta Emérita, que había solicitado su parecer sobre un inadecuado comportamiento de su Obispo Marcial.
Para hablar de procesiones de Semana Santa en Mérida, en el sentido en que la conocemos ahora, tendríamos que remontarnos al año 1480 en que se tiene conocimiento de procesiones de disciplinantes que presidía el Santísimo Cristo de la O, imagen que, tras su restauración en el año 1989 por el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, preside en la actualidad el Vía Crucis del Anfiteatro.
El devenir de la Historia ha ido conformando el número de cofradías actuales. Así, como ocurriera en toda la geografía española, Mérida contó también, en el siglo XVI, con cofradías de disciplinantes o de la Sangre como la de la Vera Cruz y cuyos penitentes procesionaban, en la noche del Jueves Santo, tras una cruz desnuda flagelándose. Hay que hacer en este caso un inciso para indicar que la actual Hermandad de la Vera Cruz, hunde sus raíces en dicha Hermandad al serle reconocida la antigüedad de aquella primitiva y conferirle el carácter refundacional a su nueva creación.
En ese mismo siglo se crearían las cofradías, hoy extintas, de Nuestra Señora de la O y de la Soledad, en el último cuarto del XVI. También, en el Jueves Santo, la Cofradía de Nuestra Señora de los Remedios, igualmente de disciplinantes, fundada en Santa Eulalia.
En el siglo XVII aparece documentada en Santa María una cofradía del Descendimiento que había sido fundada en 1658, así como una imagen de la Virgen de la Soledad, ubicada en el Convento de San Andrés, de la que se desconoce si tuvo cofradía pero que sí procesionó en Jueves Santo con unas andas sufragadas por el Ayuntamiento “por el precio de 200 reales” .
En 1664 se acuerda hacer las procesiones de Semana Santa y la de la primera semana de Cuaresma de día “siendo malos los tiempos de guerra que corrían ”
Así, A finales del siglo XVII se funda la cofradía del Cristo del Calvario, cuya ermita data de 1667 y que será la que, a pesar de los avatares de la época, incluyendo la desamortización de Mendizabal que deja sin enseres a las hermandades, llegue hasta el siglo XX
Ya en el XVIII un grupo de notables de la ciudad crea una Cofradía del Santísimo Cristo de las Injurias con la imagen de un amarrado a la columna, del que se desconoce su autoría y que hoy está desaparecida.
Ya en ese siglo se tiene constancia de la devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno en el Hospital del mismo nombre, actual Parador Nacional, aunque no será hasta 1817 cuando se documente su procesionar en la noche del Jueves Santo. La imagen de Jesús Nazareno se traslada a mediados del XIX a la parroquia de Santa Eulalia.
En el año 1892 se funda la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores que, en 1900, se fusiona con la Cofradía del Calvario.
Será a partir de los inicios del siglo XX cuando, gracias a refundaciones o nuevas fundaciones, se configure la actual nómina cofrade. De esta manera en 1900, se fusiona la Hermandad del Cristo del Calvario con la de la Santísima Virgen de los Dolores, aunque su erección canónica se produjo en la Parroquia de Santa María el 18 de septiembre de 1924.
En 1928 se procede a la refundación de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno en la parroquia, hoy Basílica, de Santa Eulalia .Entre sus titulares, además del Nazareno, recogerá la devoción por el Santísimo Cristo de los Remedios, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII, y que se encontraba en la capilla de Nuestra Señora de los Remedios.
En 1947 se funda la Cofradía Ferroviaria del Descendimiento en la Basílica de Santa Eulalia y la Infantil del Cristo de Medinaceli en la Concatedral de Santa María que, posteriormente, se encargará de procesionar al Cristo de las Injurias.
En 1951 se instituye la Cofradía del Prendimiento de Jesús formada por excombatientes de ambos bandos de la Guerra Civil Española. En el año 1985 se refunda la Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera Cruz. Ya a finales del XX, en 1994, se constituye la Cofradía del Santísimo Cristo de las Tres Caídas y en 1999 comienza a organizarse la Hermandad de Nuestra Señora de las Lágrimas, pero no será hasta el siglo XXI, concretamente del año 2002, cuando se erija canónicamente, así como la Cofradía de la Sagrada Cena.
Así, en la actualidad cuenta con nueve Hermandades que, desde 1979, se agrupan en la Junta de Cofradías, organismo encargado de la coordinación de los actos de la Semana Santa.
Buscar un estilo propio es harto difícil teniendo en cuenta que las Hermandades y Cofradías han ido “absorbiendo” de esas formas y maneras que llegaban de otros lugares. Unas influencias que venían propiciadas por la situación estratégica de la ciudad, a caballo entre Castilla y Andalucía, en pleno corazón de la Vía de la Plata. Bebiendo de fuentes castellanas y andaluzas, con influencias más de la segunda, se fue conformando la Semana Santa de Mérida.
La forma de llevar los pasos, los exornos florales, la rica orfebrería, la composición de los cortejos, la forma de vestir a las imágenes… cada hermandad adoptaba y hacía suyas esas costumbres que, perfectamente incardinadas en las hermandades, han ido conformando una Semana Santa que, lejos de hacer una celebración sin personalidad propia, la hacen única.
Y es que, aunque nos cueste creerlo, saber fusionar todos los estilos, conjugarlos e incluso mezclarlos en la misma Estación de Penitencia, es cuestión a tener en cuenta a la hora de hablar de nuestra Semana Santa.
De esta manera, podemos encontrarnos con pasos llevados a costal al más puro estilo sevillano, a doble varal, una marca más gaditano, a varal con una influencia más castellano e incluso, en este sentido, una rasgos malagueños en el caso de la Cofradía de las Tres Caídas.
Por último, uno de los elementos distintivos de la Semana Santa de Mérida, sí, de esos que la hacen inigualable y única, es la fusión que las Hermandades hacen con el entorno monumental. Y es que Mérida puede ofrecer la conjunción que no se produce en ningún sitio del mundo: el paso de las estaciones de Penitencia por monumentos con más de 2000 años de historia, coetáneos con el acontecimiento que se conmemora.
[Mario Hernández]
Para adentrarnos en una breve historia de la Semana Santa en Mérida, tendríamos que remontarnos, al siglo VI de nuestra Era. Según se recoge en el libro de las “vidas de los Santos Padres Emeritenses”, datado a finales de ese mismo siglo, aparece el primer texto que habla acerca de lo que sería una procesión de Semana Santa y que se realizaba en el “Día Sacratísimo de la Pascua”. U ...
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