Una manifestación declarada de interés turístico internacional por su singularidad y originalidad, por su clara dualidad entre la religiosidad más atildada y el bullicio festivo y sonoro de miles de tambores.
Se trata de una dicotomía indisoluble, dos vertientes de una fiesta que la mayoría de hellineros viven intensamente en ambas orillas, que sorprende a la mayoría de los visitantes que la contemplan por primera vez y enseguida se sienten partícipes de ella.
Durante los días más importantes de esa semana se llegan a reunir más de 20.000 tamborileros, redoblando sus preciados y cuidados instrumentos, algunos verdaderas obras de arte.
Cuenta con 30 Cofradías con siglos de historia a sus espaldas, que procesionan a hombros treinta y una imágenes y grupos escultóricos.
Los orígenes de la Semana Santa de Hellín se remontan a la Visita de San Vicente Ferrer allá por el año 1411, en su incansable predicación contra brujas y adivinos, que le llevó a recorrer la población acompañado de "músicos y cantores" que, tañendo sus instrumentos, en especial de percusión (tambores), configuró lo que fueron las antiguas procesiones de penitencia, en la que los fieles se flagelaban y martirizaban, y que perduraron hasta mediados del siglo XIX, organizadas por la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario (actual patrona de la ciudad), de la que se tienen datos ya en siglo XVI, siguiéndose en este tiempo con la costumbre de que fuera un grupo de tamborileros quien encabezase los desfiles, llamando así a los fieles.
Con la llegada de la noche del Viernes de Dolores se celebra la primera de las Tamboradas,. Tras el Vía Crucis de las Antorchas, que discurre por el Camino de las Columnas hasta el Calvario, y desprovistos de la típica túnica negra, varios miles de tamborileros redoblan hasta altas horas de la madrugada, ascendiendo también hasta el mismo escenario que volverán a inundar la mañana de Viernes Santo.
Las celebraciones pasionarias dan comienzo en la mañana del domingo de Ramos con la procesión de la las Palmas, donde participan nazarenos de todas las cofradías y hermandades.
Sin duda una de las celebraciones más entrañables tiene lugar en la medianoche del Lunes Santo cuyo protagonista es la Santa Escuela de Cristo (Cofradía del Rosario) cuando hace su salida el Vía Crucis que parte del Santuario del Rosario y recorre el Casco Histórico de la ciudad donde nos ofrece una visión de lo que pudieron ser las procesiones de la época medieval.
Los preparativos de última hora se interrumpen cuando hace su salida la Procesión del Cristo de la Preciosísima Sangre desde la Iglesia Parroquial del Sagrado Corazón de Jesús en la noche del Martes Santo, acompañado por su madre María Santísima de las Penas.
Hacia las 15:00 de la tarde de Miércoles Santo comienza la tamborada de este día que finalizara a la recogida de la procesión de la "Oración del Huerto" entorno a las 24:00. Cabe destacar la salida que efectúa el paso de la Oración en el Huerto por la escalinata del templo de Santa María de la Asunción, en un momento que congrega a miles de personas dado las grandes dimensiones del Paso y la altura de las escaleras. Antes del comienzo de la procesión, el Cristo de Medinaceli atraviesa, entre multitud de tambores, el Rabal.
Distinta en su concepción es la Procesión del Silencio, que partiendo del Templo de los Padres Terciaros Capuchinos, está presidida por Ntra. Sra. del Dolor del escultor Fernández Andes única imagen que desfila bajo Palio.
El Jueves Santo a partir de las 12 de la noche, los tamborileros con túnicas negras y pañuelo al cuello color rojo o negro, redoblan por las calles de la ciudad sus tambores hasta el amanecer, para dirigirse entonces al Calvario, lugar al que subirán en la procesión más larga de todas, compuesta por diecisiete cofradías y hermandades. Cuando la imagen de Nuestra Señora de los Dolores ("Dolorosa de Hellin") llega al Calvario se realiza el acto del Motete, creándose una imagen única, donde el color, el aroma y el rugir de los tambores, la convierten en una experiencia inolvidable.
La noche del Viernes Santo desfila la procesión del "Santo Entierro", con absoluto recogimiento en contraste con la algarabía de la procesión al Calvario. La impresionante Imagen del Cristo Yacente, de Mariano Benlliure, considerada como una obra cumbre de la escultura del siglo XX, y Nuestra Señora de la Soledad, peculiar Virgen del S. XVIII (única Imagen que sobrevivió a la Guerra Civil, caracterizada por su sereno rostro y su indumentaria) resaltan la brillantez de este acto y contribuyen a ubicar en buena posición la Imaginería escultórica de Hellín dentro de los programas iconográficos nacionales referentes a la Pasión y Muerte de Jesucristo. Cabe destacar el Acto que tiene lugar entre la Imagen de Ntra. Sra. de la Soledad, San Juan y el Cristo Yacente, al finalizar la procesión.
El Sabado Santo se celebra una nueva Tamborada. Los orígenes de esta se remontan a la década de los años 20 en que, debido a la gran tromba de agua caída la noche de Jueves Santo, el entonces entusiasta alcalde, D. Juan Martínez Parras, accedió́ a que se tocase el tambor en la noche del Sábado Santo. En años sucesivos la nueva Tamborada se consolidó y se potenció para que (exclusivamente esta noche) la mujer hellinera fuese la principal protagonista del tambor. A partir de los años ochenta, se ha venido produciendo un espectacular aumento de la participación femenina en todas las Tamboradas, siendo hoy día prácticamente equiparable a la masculina. La Tamborada se celebra en los mismos escenarios que la de Jueves Santo y transcurre desde las 24:00 h. del Sábado Santo.
El Domingo de Resurrección tras el acto del Encuentro, en el que miles de tambores y personas guardan silencio de forma espontánea, hasta que se produce el Encuentro entre la "Dolorosa" y el "Resucitado" comienza la procesión más alegre de estos días, en que los costaleros al ritmo de marchas alegres "bailan" a los pasos por las calles de la ciudad donde Hellin se funde en una gran fiesta.
La imaginería de Hellín está catalogada como una de las muestras más importantes de escultura religiosa del siglo XX, con imágenes de escultores como Mariano Benlliure, Federico Coullaut Valera, Fernández Andes, Víctor de los Ríos, Claudio Rius, José Zamorano, José Hernández Navarro, Luis Álvarez Duarte, y otros que están por llegar de la altura de Antonio Espadas Carrasco y Fernando Aguado.
La Tamborada de Hellín es una de las fiestas de carácter etnológico más señaladas de España. De origen incierto y diluido, se entiende de tradición muy antigua, pero la realidad constatada es que tiene su origen en el S.XIX. Se caracteriza por un toque intenso y continuado de tambor, de forma simultánea y colectiva, en un amplio espacio público urbano, en el marco temporal/ritual de la Semana Santa, y coincidiendo con los lugares de desarrollo de dicha celebración.
Constituyen un multitudinario rito en el que impera la participación, la convivencia y la hospitalidad, entre los cerca de 20.000 tamborileros que toman parte en estas, bien de manera individual, o formando grupos o peñas. Sin distinciones de edad, sexo o condición se interpretan los redobles típicos de manera ininterrumpida, configurando la mayor tamborada del mundo.
Las tamboradas transcurren entre el incesante y ensordecedor "tronar" de los miles de tambores, pudiéndose también apreciar "exhibiciones" en el redoble y "piques" entre peñas por imponer su toque. Tienen diferentes momentos importantes, uno de ellos es la subida al Calvario en las primeras horas del Viernes Santo, tras haber estado toda la noche tocando el tambor, se sube acompañando a la procesión, configurando un espectáculo de colores y aromas indescriptible. Y el otro gran momento es el silencio que se produce el Domingo de Resurrección, cuando más de 20.000 personas enmudecen, al igual que los miles de tamborileros, para presenciar el encuentro entre Nuestra Señora de los Dolores y el Cristo Resucitado, para una vez producido este, estallar un estruendo de "racataplás" como símbolo de la alegría por la Resurrección, y subir por el mismo itinerario que realizará la Procesión del Encuentro, en lo que se ha denominado la Despedida del Tambor.
Javier Velázquez López
Una manifestación declarada de interés turístico internacional por su singularidad y originalidad, por su clara dualidad entre la religiosidad más atildada y el bullicio festivo y sonoro de miles de tambores. Se trata de una dicotomía indisoluble, dos vertientes de una fiesta que la mayoría de hellineros viven intensamente en ambas orillas, que sorprende a la mayoría de los visitantes que ...
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