La Semana Santa de Jerez constituye una de las referencias más importantes dentro del calendario festivo de la ciudad, ya que, declarada de Interés Turístico Nacional, su puesta en la calle, su historia, y sus formas, le confieren sin duda unas características especiales, que la hacen diferente al resto de las que se celebran en otros puntos de nuestra geografía. Treinta y cinco hermandades de penitencia, a las que también se suma la hermandad del Señor resucitado, llenan de contenido una semana, la que va del Sábado de Pasión al Domingo de Resurrección, en la que de nuevo cobran vigencia las raíces históricas de esta particular celebración.
Los orígenes de las actuales cofradías de la Semana Santa Jerezana hay que buscarlos en el siglo XVI. Es en esta centuria cuando se fundan las primeras hermandades cuyo fin era hacer penitencia pública durante los días más señalados de la cuaresma. En Jerez, la mayor parte de las primeras cofradías están ligadas a dominicos, franciscanos, agustinos, mercedarios y trinitarios. En su origen estas cofradías llevaban en sus procesiones lo que en aquel entonces se denominaban urnas, que no eran otra cosa que pequeños pasos en las que se portaba a las imágenes a las que rendía culto la corporación: una representación de Cristo en algún momento de su Pasión, o la Virgen Dolorosa.
Esta manera de celebrar la Semana Santa se mantuvo más o menos intacta hasta finales del siglo XVIII, cuando Carlos III suprime las cofradías cuyos estatutos no estuviesen aprobados por el Consejo de Castilla, es decir, todas las jerezanas y prohíbe las procesiones de disciplinantes. Poco a poco cada cofradía fue normalizando su situación, pero el siglo XIX no fue muy próspero para ellas. Primero la invasión francesa, luego las desamortizaciones y más tarde los sucesivos gobiernos anticlericales debilitaron, cuando no hicieron desaparecer para siempre a estas corporaciones centenarias.
Va a ser a comienzos del siglo XX cuando la Semana Santa jerezana recupere su esplendor. Al resurgimiento de las viejas cofradías hay que unir la fundación de otras nuevas y la recuperación de antiguas devociones. Desde mediados del siglo el ritmo de crecimiento del elenco de hermandades de penitencia y del número de hermanos de las mismas ha sido imparable, constatándose en la actualidad un buen momento en el fenómeno cofrade.
En origen las cofradías de penitencia que se fundaron en Jerez fueron muy humildes. Esto hizo que las obras de arte que encargaron fueran muy modestas: imágenes de cartón piedra, barro y en raras ocasiones de madera. El resto del patrimonio era aún de peor calidad, siendo tan pobre que ninguno se conserva en la actualidad. Los siglos XVII y XVIII supusieron una mejora de esta situación, ya que poco a poco las cofradías comenzaron a disponer de más fondos y a encargar obras de más prestancia. Ya en el XVII se realizaron importantes obras para salir en procesión por las calles jerezanas, tales como el Cristo de la Esperanza o Jesús Nazareno, siendo el XVIII el siglo de esplendor del arte cofrade jerezano, con tallas como el Señor del Prendimiento, Nuestro Padre y Señor de las Penas y las Vírgenes de la Amargura, el Desconsuelo, Los Remedios, el Mayor Dolor y el soberbio conjunto del duelo de Nuestra Señora de la Piedad, por citar sólo algunas. Además, en esta época las Hermandades comienzan a encargar piezas de plata, tales como pértigas, varas, campanas de muñir y demandas. Por otro lado, a las cofradías más importantes comienzan a adquirir ricos tejidos bordados no sólo para vestir sus imágenes de culto, sino también para los estandartes y los palios de las dolorosas.
El siglo XIX no fue muy propicio para la realización de obras de arte destinadas a las hermandades, dada la delicada situación que estas corporaciones vivieron durante esta época, mientras que el en siglo XX, a la par que volvía el esplendor de la Semana Santa, comenzó el cambio estético. Tras siglos de evolución propia, los desfiles pasionales jerezanos habían llegado a tener una forma característica que se fue perdiendo influenciada por modas que pretendían equiparar a las cofradías jerezanas con las de Sevilla. Llegaron los grandes pasos de misterio, los grandes palios, en algunos casos bordados por artífices de la talla de Rodríguez Ojeda, la plata y la pléyade de figuras talladas por escultores como Castillo Lastrucci, los Chaveli o el soberbio Ortega Bru. Por todo esto, podemos concluir que la Semana Santa jerezana tiene gran interés desde el punto de vista artístico, ya que ha sabido conservar una buena parte de su historia en los desfiles procesionales a los que ha sabido añadir con gran tino nuevos elementos que han contribuido a hacerla una de las mejores no sólo de Andalucía, sino de España.
Jerez cuenta en la actualidad con dos estilos bien diferenciados, de una parte, el que de modo minoritario aún mantiene los gustos y maneras decimonónicas y, de otra parte, el que se ha actualizado a los gustos de las nuevas épocas.
Así, y en el primero de los casos, dos hermandades se erigen en defensoras de los viejos estilos procesionales, las cofradías de Jesús Nazareno, y del Cristo de la Expiración, hermandades que aún siguen procesionando según los usos y costumbres con los que nacieron hace más de cuatro siglos.
Pasos portados a un solo hombro y sostenidos en los descansos por horquillas, y túnicas “a la egipcia”, sin antifaz que cubra la cara, son las señas distintivas de esta forma de salir a la calle, a las que, en el caso de la hermandad del Nazareno, se une el hecho de ser la única cofradía en la que sus filas “de luz” están compuestas exclusivamente por hermanas con faroles. Además, ambas cofradías sacan a la calle amén de sus dos pasos, un tercero en el que, a la forma antigua, procesiona la imagen solitaria del apóstol San Juan, pasos que generalmente quedan a cargo de los más jóvenes de la corporación.
Pero además de estas particularidades, otras referencias se convierten cada año en elementos fundamentales que ayudan a entender la Semana Santa desde una visión absolutamente jerezana: la Cruz de Guía de la Hermandad de la Vera Cruz, portada sobre andas, al estilo de cómo en la Edad Media comenzaron a celebrarse los primeros Vía Crucis, la “trompeta saetera” de la hermandad del Mayor Dolor, vestigio del antiguo toque de corneta utilizado para avisar al pueblo de la presencia de algún saetero, o las escolanías de infantes cantores del “Stabat Mater” en la hermandad de Las Angustias y del “Miserere” en Las Tres Caídas, reminiscencia de las antiguas corales situadas en los frontales de los pasos.
Junto a todo ello, no debemos olvidar que Jerez, como una de las cunas del Flamenco que es, cuenta cada año con rincones especialmente dedicados a la saeta.
La Unión de Hermandades de Jerez, constituida el lunes 21 de febrero de 1938, es el órgano que aglutina a todas las Hermandades de Penitencia, Sacramentales y Gloria de la ciudad.
Desde el Domingo de Ramos hasta el Viernes Santo, quedando el Sábado Santo como lapso hasta el Domingo de Resurrección, 43 hermandades procesionan hacia la catedral de la ciudad, mientras que 2 hermandades más procesionan el Sábado de Pasión, sin pasar por ella, el número más cuantioso tras Sevilla.
Desde los años 30 del siglo XX, las Cofradías recorren la Carrera Oficial hacia la Catedral, el recorrido actual data de 2014 y es el de mayor distancia de toda Andalucía.
El orden de paso establecido para el tránsito de las cofradías por Carrera Oficial es inversamente proporcional a su antigüedad, las más recientes discurren primero. En la "Madrugá" o "Noche de Jesús" el orden de paso es justo el contrario que en el resto de días: discurren en primer lugar las más antiguas. La finalidad de este criterio, este orden de paso era la búsqueda de la ansiada oscuridad que otorgaba la noche que por aquel entonces era vista por las cofradías como el momento idóneo para la devoción y el recogimiento. Es en los años cuarenta del pasado siglo, con las primeras incorporaciones de nuevas cofradías y siguiendo el anterior criterio, cuando se fija la incorporación al inicio de cada jornada salvo en la Noche de Jesús cuando la incorporación de nuevas hermandades se produce al final, precisamente en busca de la desea oscuridad producida antes del alba.
En definitiva, una Semana Santa con marchamo propio, que une además a estos referentes, una imaginería de enorme calidad, e igualmente, una magnífica colección de enseres, muchos de los cuales pertenecen a la primera escuela procesional sevillana, renovada en su día por las cofradías hispalenses, con destino final en Jerez.
Esto nos permite disfrutar cada año de pasos de misterio cargados de indudable sabor, que aún conservan el aura con el que se concibieron, e igualmente, pasos de palio que heredan de la historia el diseño, la orfebrería y el bordado de los grandes maestros.
Javier Velázquez López
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