La escultura homenajea a quienes, con la imagen de Nuestro Padre Jesús Arrodillado, tendieron su mano para pedir clemencia a las tropas francesas el Viernes Santo 31 de marzo de 1809, durante la Guerra de la Independencia; y al General francés Horacio Sebastiani, que concedió el perdón a una ciudad que iba a ser devastada por su destacada acción ante los invasores, lo que le valió el título de “ciudad fidelísima”.
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