Antes de 1964, el Viernes Santo se celebraban dos procesiones: la Procesión de la Soledad, a las cinco de la tarde, y la Procesión del Santo Entierro, organizada por la parroquia tras el solemne Descendimiento de la Cruz. En ese año, ambas procesiones se fusionaron en una sola, que partía al anochecer por las calles de la ciudad. Una notable contribución al esplendor fue la fundación de una Cofradía del Santo Sepulcro y de los Dolores de María, bajo los auspicios de la mencionada Familia Protectora. Esta Cofradía está compuesta por 22 penitentes, cuyo atuendo consiste en una túnica y capucha negras y una capa otomana verde.
La procesión que acompaña a la Cofradía resulta muy llamativa, ya que cuenta con un trono a modo de féretro sobre el que descansa el cuerpo sin vida del Buen Jesús. Está adornado con pequeños braseros colocados en cada una de las cuatro esquinas, cada uno lleno de brasas que, junto con el incienso, perfuman el aire de una manera sumamente elegante e inspiran un profundo respeto y veneración por la esbelta figura divina. La procesión va precedida por el estandarte bordado que lleva el sepulcro, símbolo de la Cofradía.