La historia comienza cuando el Arzobispo Benito Sanz y Forés, valenciano, ocupa la plaza de Sevilla y encarga tallar al escultor Luis Chilabert, una réplica exacta de la imagen de la Virgen de los Desamparados que está en la Basílica de Valencia y entroniza su devoción en Sevilla. Inicialmente se ubica en la Parroquia de la Madalena hasta que definitivamente se entroniza en la Parroquia de San Vicente Mártir de Sevilla. Desde ese momento, la imagen ha recibido su devoción en una capilla que contó inicialmente con el Bapisterio y que tras la restauración de la Iglesia, cuenta con una altar propio Nunca ha dejado de tener culto desde esa fecha, por lo que la Asociación ha cumplido más de 130 años de existencia.